sunset ipanema rio de janeiro

Las olas rompen sobre las piedras al atardecer

Salgo siempre de mi refugio a las siete porque tardo diez minutos en llegar aquí. Creo que no hay espectáculo más hermoso que ver al sol descender suavemente hasta ocultarse en el horizonte, bajo el tranquilo y apacible mar. 

Hay algunas nubes grises en el cielo y el agua está un poco revuelta pero por momentos consigues ver el fondo azul, azul turquesa. Últimamente el tiempo en esta ciudad que no es la mía, se pone de acuerdo con mis sentimientos. De momento va todo bien porque sigue siendo verano y las tormentas son intensas pero pasajeras…

Es innegable, la primera impresión deja una huella imborrable en la memoria aunque con el paso del tiempo lo recuerdos se vuelven imprecisos. Por suerte para mí, lo tengo todo muy presente y aunque con mis voz esté escribiendo sobre el viento y no sobre el papel, sé que perdurará intacto porque los momentos especiales que transcurren al amparo de la luna llena siempre te persiguen, estés donde estés y vayas donde vayas.

Lo ideal no puede idealizarse y la esencia de lo efímero está en que es fugaz e irrepetible. Cuando el universo conspira para que algo ocurra, es porque el destino lo tenía previsto. Si sabes observar las señales, lo presientes, aunque a veces es mejor llevarte la sorpresa…

Al igual que la impredecible gama de colores de este atardecer, no lo vi venir, pero lo intuí. Cuando te zambulles en los ojos de alguien sin saber nadar es porque una parte de ti ha estado esperando con ansias ese momento y poco importa si te hundes y te cuesta respirar porque su aliento te mantendrá con vida hasta el último suspiro…

Corrimos desnudos por el Posto 8 y en el 9 nos lanzamos al oscuro vacío para sofocar el calor. Estas mismas aguas nos hicieron flotar con sus invisibles manos y las olas acariciaron nuestras carnes y las refrescaron. Nos prepararon para dejar la sal y la arena sobre las sábanas de una cama que no era suya ni mía, pero que durante unas horas fue nuestra. 

Era verdad que no te gustaban las despedidas, me di cuenta a los tres días de sentir tu ausencia. Poco importa ya, pero debes saber que el peso del adiós cayó sobre mis hombros la primera vez que cruzamos miradas y palabras. Y me rompió las clavículas cuando comprendí que habías dejado el morro para quedarte. Para entregarme lo mejor de ti. 

Cogí el periódico para leerlo en el avión. Llevaba tres meses leyendo las mismas noticias, pero presentí que esta edición era diferente. Al pasar la sexta página, leí un titular que me zarandeó por dentro: “Jovem é morto por bala perdida em bairro boêmio do centro do Rio”.  

Repetí en voz baja cada una de las palabras: jovem, é, morto, por, bala, perdida, em, bairro, boêmio, do, centro, do, Rio. La bruma cubrió mis ojos antes de terminar el artículo. El silencio se hizo tan insoportable que aún sigo escuchando un pitido ensordecedor. Ese es el sonido de la nada y el desasosiego. 

Pues al parecer las nubes me están dejando ver el ocaso, aunque siguen ahí, castigando a Dois Irmãos con un inminente lamento que le destrozaría las cuerdas vocales hasta al mismísimo Deus que tanto mientas. El viento choca contra mí sin darme tregua. Dentro de unas horas lloverán hasta peces, pero vendrá la calma. 

E já amanheceu 266 vezes sem você, mas ainda fiquei com a sua lembrança depois de partir. Y he venido aquí, adonde muere el Tajo para sentirte de nuevo conmigo. A 8.000 kilómetros de distancia sigo el blanco y negro serpenteante de la calçada portuguesa y al levantar la cabeza espero encontrarte a ti. 

Susurro “onde anda você” mientras recorro Alfama. No he dejado de creer en tu promesa de vivir de mis escritos y de la melodía de tu voz y tu guitarra. Esperaré por ti el tiempo que haga falta. Si decides volver, no llames a la puerta, ni te disculpes. Abre el primer cajón, sin hacer ruido, coge la carta y lee los versos. Si quisieras quedarte, tiralos, rómpelos o quémalos, dame un beso en la frente, aparta las sábanas y abrázame. Pero si te vas a marchar, déjalo todo tal y como está.

Relato ambientado en Río de Janeiro y Lisboa presentado al concurso literario de Historias de Brasil del Centro de Estudios Brasileños de la Universidad de Salamanca, 2018

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